Aviso

 

Reúno en este artículo el comentario de un par de obras de corte bien diferente:

Vivir, y escribir, un genocidio

«Mientras que reflexiono sobre lo que espera a Gaza -si es que algún futuro le espera- siento una obligación de continuar escribiendo. Escribiendo, nos es posible mantener vivos los lugares, nos es posible devolver su espacio de los recuerdos que tenemos de nuestras calles y nuestras casas, ahora reducidas a polvo y destruidas»

Cuando se vive en una situación en que la muerte es continua compañera de la incierta vida, y en que cada día supone un contrato, inseguro, con la supervivencia, obviamente se padece, y si se cuenta esta brutal experiencia de aniquilación, da como resultado un libro como el de Atef Abu Said: «Quiero estar despierto cuando muera. Diario de un genocidio», editado por Blackie Books. El autor fue ministro de cultura de la Autoridad Palestina, nacido en un campo de refugiados de Jabalía, allá permaneció hasta 2019 que es cuando fue nombrado ministro, lo que le hizo trasladarse a Cisjordania; el fatídico 7 de octubre de 2023 le pilló en una playa de Gaza junto a unos amigos; allá fueron testigos de un ataque del ejército israelí, cosa que no les sorprendió ya que es algo habitual por aquellos lares, mas lo que vino después vino a ser la mayor masacre en la historia de Palestina.

El autor comenzó a dar cuenta, bloqueado en el lugar junto a su hijo Yaser, durante sesenta días, del silbido de los misiles que se dirigían contra panaderías, escuelas, hospitales; precisamente a uno de ellos se dirigió para visitar a una sobrina mutilada, igualmente narra el asesinato de varios familiares, amigos y vecinos y las largas colas con el fin de conseguir agua o harina…todo ello en el escenario desolado del que había el paisaje sido de su infancia. Atef Abu Said da testimonio del genocidio en marcha, como si de un cuaderno de bitácora se tratara, va desgranando diferentes escenas de fuego, destrucción y muerte que se suceden sin pausa en aquellos pagos palestinos. El escritor, como muchos de sus conciudadanos, ha de buscar un lugar para poder pernoctar, cuenta como pasó la noche en una escuela a la que había ido a visitar a su hermana Halima, que estaba allá refugiada con otros, con la vana esperanza de que los bombardeos cesasen en su atronadora intensidad, mas las bombas del odio y la aniquilación no dejaron de retumbar, en una constante que se confirma día a día. Se ha de tener en cuenta que su apartamento fue destruido, lo que describe con una singular imagen: «han asesinado mi biblioteca», tres mil volúmenes pasto del fuego en un instante, y jirones de su existencia destruidos al ser borrados de su compañía de años; libros clásicos, u objetos de regalos de familiares, y junto a ellos desapareciendo sus diarios de prisión que había redactado durante la primera intifada; hay veces que cede a la tentación de ir a buscar entre los escombros algún ejemplar que pueda ser salvado. Materiales que eran parte de su vida y que con ellos soñaba con abrir una biblioteca pública.

En el sueño del Estado de Israel de convertir Gaza en un enclave suyo, con la inestimable ayuda y patrocinio del amigo americano, un papel esencial, además de la destrucción física pura y dura de los gazatíes, está el borrar del mapa la cultura y la memoria palestina, lo que se traduce en los bombardeos de escuelas, edificios históricos y universidades, en las que obviamente ya no se imparte cursos, en un estado de parálisis total de los estudios y la enseñanza; es la continuación de la política emprendida ya en los momentos de la instauración del estado sionista, de cambiar de nombres a los pueblos y lugares de los que se iban apropiando en su invasión, poniendo en pie una nueva toponimia que respondiera a la cultura hebrea. Imágenes de semejantes destrucciones han corrido por las redes sociales, presentando a soldados israelíes posando en bibliotecas ante un montón de libros quemados. El dolor que expresa Atef Abu Said ante esta empresa de borrar del mapa la huella palestina, su idiosincrasia, no es personal, que también, sino colectivo si en cuenta se tiene que los palestinos son unos de los pueblos más educados y diplomados del mundo árabe, habiéndoles servido, además, su cultura como modo de resistir a la ocupación israelí. Precisamente el autor emplea su escritura como forma de lucha por la supervivencia de su pueblo y de su cultura.

Escenas cotidianas se van sucediendo en estos relatos que transmiten el pulso de la situación de destrucción y de control israelíes, estos últimos rodeados de cadáveres, y ante los que los controlados son obligados a no mirar más que hacia adelante para acudir ante el uniformado que les llama; cada día es una siniestra lotería que se juega, forzados por los ocupantes, su matonismo y su arbitrariedad insultante. Y a lo largo del diario somos llevados al corazón del caos, de la tristeza y del sufrimiento del escritor, que se convierte en voz de los padecimientos colectivos…en esa sucursal del infierno puesta en marcha por la maquinaria colonialista del sionismo.

No hace falta ni decir que desde que fueron escritos estos textos, publicados a finales de 2023, las cosas no han mejorado sino que, al contrario se ha multiplicado las muertes, los asesinatos indiscriminados, incluida la de mujeres y niños, y se han normalizado el uso de la crueldad, los masivos desplazamientos forzados de la población… y como ejemplo paradigmático, las filas del hambre convertidas en trampa mortal…la provocación de la hambruna como arma de guerra.

Un grito, de un escritor vigilante, que se alza, clamando contra el hipócrita, e interesado, silencio de los gobiernos de la civilizada y humanitaria Europa… de los gobiernos “hermanos” árabes…pues eso.

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Gaza como síntoma

 

Mucho se ha escrito sobre el genocidio que se ve, todos los días, en directo en las pantallas de todo el planeta; a algunas de las obras he dedicado algunas líneas*. Sil os textos señalados, y algunos otros, se centran en la descripción de los

los hechos o los sentimientos que tales provocan en los testigos directos de la masacre al por mayor, en esta ocasión Franco Berardi, Bifo (Bolonia,1949) toma la brutalidad y ferocidad como síntoma de la extinción de lo humano, los valores humanistas y universalistas en declive total en su «Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano», publicado por Tinta Limón y LOM Ediciones.

Dos aspectos singularizan el comportamiento del Estado sionista: por una

parte, signo de los tiempos, en que la tecnología impera, la brutalidad se convierte en espectáculo al ser retransmitido; por otra parte, si no es nada nuevo el comportamiento del estado de Israel en su política de expansión colonialista con todo lo que ello conlleva de animalización de las víctimas, su humillación ,su expulsión y…su asesinato, desde el fatídico 7 de octubre de 2023, todo ello ha sido elevado a la máxima expresión, al poner en marcha una macabra maquinaria de matar, y de odio..de la que no se salva ni dios. Funciona a la par, la máquina de mentir, insultar, de tergiversar, haciendo que cualquiera que denuncie, por mera humanidad, lo que sucede es de inmediato calificado de terrorista y antisemita, anulando de este modo cualquier crítica, tarea completada con la prohibición o aniquilación pura y dura de periodistas, de miembros de ONGs, que pueden resultar testigos incómodos al ver y transmitir la verdad. Más de una vez, la pregunta ha sido planteada ¿cómo es posible que un pueblo que ha sufrido

tanto pueda comportarse así con sus vecinos?, dejando de lado la exactitud del empleo de los términos de “pueblo” y “vecinos” …que se lo pregunten a Edgar Morin que fue llevado a los tribunales por decir eso mismo: «Cuesta imaginar que una nación de fugitivos, procedente de un pueblo que ha sido perseguidos durante mucho tiempo en la historia de la humanidad, habiendo padecido las peores humillaciones y el peor desprecio, sea capaz de transformarse en dos generaciones en un pueblo dominador y seguro de sí, y q exceptuando a una admirable minoría,en un pueblo que desprecia a sus vecinos, disfrutando al humillarlos[…] he ahí la increíble paradoja, los judíos de Israel descendientes de las víctimas de un apartheid llamado gueto, aíslan en guetos a los palestinos. Los judíos que fueron humillados, despreciados, perseguidos, humillen, desprecien y persigan a los palestinos; los judíos que fueron víctimas de un régimen sin piedad someten e los palestinos a su orden sin piedad. Los judíos víctimas de la inhumanidad muestran una terrible humanidad», esto es lo que escribió en Le Monde en junio de 2002, lo que le valió ser llevado a los tribunales.

La orgullosa exhibición de la fuerza, de la brutalidad, nada tiene que ver con el sacrosanto “derecho a defenderse”, proclamado una y otra vez como justificación de lo injustificable: continuar la expansión colonialista y culminar una limpieza étnica. Esta brutal tempestad de acero, con muertes indiscriminadas, el uso del hambre como arma, la destrucción de edificios, incluidos – o en especial- hospitales y escuelas, ante la pasividad -o el abierto apoyo- de los gobiernos del mundo, supone de facto, una elevación de la violencia asesina como norma de lo humano, en un palpable adiós a la razón…en opinión de Bifo, y no le falta razón ni tino, ya que la tan cacareada democracia y la civilización parece que se han tomado vacaciones. Obviamente si estos criterios se imponen, que por lo que se ve ya se han impuesto en la práctica, cuál sera el futuro, bajo la fuerza del supremacismo blanco…, ante tal panorama el pensamiento crítico, se torna incapaz y no es extraño que cunda la desesperación…y el activista y pensador italiano, considera e impulsa la tarea del cartógrafo que se siente obligado a, en la caída en el abismo, elaborar el mapa de la ignominia. Tal vez la situación responda a aquella prescripción de Gilles Deleuze...y mientras huyes, coge un arma, con el propósito –tal vez incauto- de restablecer la esperanza en una humanidad feliz, plegándose al spinozista: nec ridere non lugere sed intelligere. A lo cual, no cabe duda, de que el texto de Bifo, ayuda, si bien el panorama mundial-a la normalización de la violencia señalada, añádase el cambio climático y los avances de la IA destructiva- no ayuda a la esperanza, y menos a un futuro luminoso, pues todo da por pensar que en ese extraño animal -sapiens, demens– que es el hombre parece que es lo segundo lo que prima de manera creciente

Añadiré que no se priva el autor de hurgar en la historia de la franja, dando a conocer el origen del nombre, Gaza, que las lenguas semíticas significa “feroz”, sin obviar algunos datos presentes en la Biblia…y clama al cielo, el contagio de la ferocidad como criterio de los invasores y la aceptación silenciosa del mundo. Y, si caer en en una postura apocalíptica, si parece que el fin de la historia que anunciaba Francis Fukuyama, con una conclusión hegeliano-victoriosa, se ha cumplido como el oscurecimiento de la humanidad, con el triunfo de la violencia ,de de

la mentira, del uso tergiversado y falaz de las palabras (rige el 2+2 son 5, que señalase Orwell en su 1984) con la devaluación de la verdad..en ese campo de batalla en la que los poderosos imponen su verdad, sus(dis)valores como el colmo del colmillo…mundo en el solamente rige su derecho, su ley…la del más fuerte. Y si el otro hablaba del paso del reino de la necesidad al reino de la libertad, la realidad indica que lo que triunfa es el reino de la ferocidad….dando al traste, si alguien todavía la creía, con aquella aseveración de Hegel de que «Todo lo real es racional y todo lo racional es real».

Bifo en su lúcido análisis no se priva de incidir en la tergiversación que supuso el sionismo con respecto a los valores primigenios del judaísmo, y la traición a la memoria de la Shoah….en un repliegue identitario que confirma la hipótesis de Hannah Arendt de que si el Estado de Israel se imponía sin el acuerdo de los habitantes de la zona, tal Estado se convertiría en una Esparta rodeada de enemigos, y las víctimas de antaño convertidas en verdugos que enarbolan con orgullo la bandera de la venganza, encabezados por Netanyahu y con la complicidad de la mayoría de los ciudadanos israelíes, provocando en las víctimas de hoy la permanente sed de venganza. Y el Nunca más (Nie wieder) no rige para la ferocidad sin límites del sionismo…

¡Ay Gaza! ¡ Ay humanidad!