Lo primero que sorprendía de Fidel Castro no era su uniforme ni su estatura, ni siquiera su elocuencia; era su curiosidad.
Al cabo de muchas horas de entrevistas para nuestro libro Fidel Castro: biografía a dos voces (Destino, 2007), cuando todos estábamos agotados, el Comandante seguía haciendo preguntas, pidiendo aclaraciones, volviendo sobre algún detalle histórico o científico con toda su energía. He pensado a menudo que ese era el secreto de su longevidad política: más que un hombre con poder, Fidel era un intelectual inquieto, un genio visionario, un hombre sabio.

