
Se trata de un libro que anda en búsqueda itinerante de lo que acontece tratando de comprender sus mensajes. Los asombros provienen de la renovada capacidad de los movimientos populares para responder ante situaciones con tantas variaciones y amenazas.
Habrá que tener en cuenta de que el asombro no se circunscribe a una reacción única ni homogénea frente a los acontecimientos sociales. Existen múltiples formas de asombrarse, y cada una abre una relación distinta con el mundo. Surgen asombros estrujantes ante la interrupción de lo que se creía normal.
Esto sucede cuando irrumpen revueltas, cuando nos enfrentamos a masacres y genocidios que se nos tallan en la cara en tiempo real, cuando brota una movilización que surge donde parecía que no había tejido social. Hay asombros breves y hasta superficiales y otros profundos y duraderos. Lo que sucede entonces es que se suspende la rutina interpretativa y obliga a tratar de mirar otra vez para intentar descifrar lo nuevo. Se va incubando un asombro más lento y laborioso que no nace del impacto inmediato, sino de la insistencia en observar. Es el asombro que aparece cuando las categorías disponibles son insuficientes para una intelección más precisa. Ese tipo de asombro incomoda, porque exige desmontar marcos teóricos, abandonar seguridades intelectuales y aceptar que la realidad social no siempre responde a los modelos heredados. De
alguna manera el asombro es una fuerza crítica que desordena lo que parecía bien clasificado.